Poema
El Colibrí
Fue una tarde del mes de septiembre,
un domingo, alegre y feliz
que charlábamos con los amigos
cuando vimos, a un colibrí.
Se pegó con la puerta de vidrio
en el patio que daba al jardín,
él estaba tirado en el suelo
y pensamos podría morir.
Muy despacio, me fui acercando,
me dio pena, el vuelo así,
vulnerable, herido, sin fuerzas,
como ayuda queriendo pedir.
Con cuidado lo puse en mi mano
y al mirarlo le quise decir,
me permites sanar tus heridas,
aquí estoy, confía en mí.
Con ternura, toqué yo su cuerpo
y sus alas las pude abrir,
con mi dedo rocé su cabeza
y en mi mano, sentí su latir.
Nos miramos por un largo tiempo
y al partir, él me quiso decir,
muchas gracias por darme consuelo
cuando ya no podía seguir.
Yo le dije mirando a sus ojos,
tu presencia, me hace feliz,
cuánto admiro tus bellos colores,
eres muy especial para mí.
Porque al verte, veo a mis amigos
que me hablan a través de ti,
me recuerdas que están en el cielo
y también, muy cerquita de mí.
Con tu ejemplo, me has enseñado
a ser luz como tú, colibrí,
dar amor a mis seres queridos
y tratar de ayudar y servir.
Hoy te pido Señor que me ayudes,
con mi vida poder transmitir
que tu amor es real e infinito
y podamos confiar siempre en ti.