Poema
El último adiós
En el cielo se abrieron las puertas
y la marcha triunfal se escuchó,
entre alegres violines, trompetas
festejaste tu encuentro con Dios.
-Soy tu Padre, querido Hijo mío
y este abrazo profundo te doy,
y un banquete especial es tu premio
porque cumpliste fiel tu misión.
Siempre fuiste un hijo amoroso,
fiel esposo en tu vocación,
gran ejemplo de padre y abuelo
y dejaste un legado de amor.
Trabajaste por tus prioridades,
tu familia, la fe y oración
y en las cenas, reuniones y viajes
fomentaste la paz y la unión.
-Tu familia te damos las gracias
por tu entrega y detalles de amor,
te esmeraste por ser generoso,
hombre prudente y trabajador.
Imborrable es la huella profunda
que grabaste en nuestro corazón,
siguen vivos tus sabios consejos,
tu cariño y tu bendición.
Aunque a veces nos duele no verte,
ni poder escuchar ya tu voz,
nos consuela saber que estás vivo
y feliz en presencia de Dios.
Te pedimos que ahora intercedas
en favor de nuestra salvación,
pues deseamos volver a encontrarnos
y gozar en familia con Dios.
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