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Poema

La Guadalupana

Cristina Villarreal Lozano
La Guadalupana
María de Guadalupe Madre del Divino Verbo, Emperatriz de América Patrona de nuestro México. A tus hijos mexicanos como raza predilecta, nos otorgaste el milagro de contar con tu presencia. Fue en el cerro Tepeyac, aquel nueve de Diciembre mil quinientos treinta y uno cuando Tú, apareciste. Al indito San Juan Diego fervoroso y obediente, hombre devoto y honesto respetado por su gente. Y al amanecer la aurora, entre nubes descendiste y al mirarlo con ternura cariñosa le dijiste: -Hijito, mi Juan Dieguito atiende y cumple mi ruego, dile al obispo de México que construya aquí mi templo. -Pero fray Juan de Zumárraga solicitó una señal, a la Señora del Cielo para hacer su Voluntad. Más el doce de Diciembre el día de la señal, se fue por otro camino para su tío ayudar. La virgen de Guadalupe a su encuentro le salió y como madre amorosa con ternura musitó: -Hijito, el más pequeño, no te turbe ni te angustie la enfermedad de tu tío, aquí estoy para auxiliarte. Yo te digo que tu tío Bernardino ya sanó, ahora haz lo que te pido y sigue mi indicación. Sube a la cumbre a cortar las rosas que encontrarás, recógelas en tu tilma y en seguida las traerás. -Esas rosas de castilla a la virgen él llevó y ella con delicadeza en la manta acomodó. -Hijo mío, mi pequeño, aquí tienes la señal, dile al obispo que al verla, cumpla con mi Voluntad. Eres mi fiel emisario y mi dulce confidente, mensajero y testigo de este milagro presente. -Cuando Juan Diego al obispo le contó su aparición, despacito abrió su tilma y al verla absorto quedó. Fue nuestra Madre Morena que por amor se plasmó, la virgen Guadalupana que en su tilma se quedó. Han pasado cinco siglos desde aquella aparición y en la tilma sigue viva y escucha nuestra oración. Virgencita, dulce Madre Reina de nuestra nación, hoy venimos a pedirte esperanza, fe y amor. Y que unidos como hermanos vivamos en comunión, en tu Hijo Jesucristo, Hijo amado de Dios.
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