Poema
La Sangre preciosa de Cristo
Con el poder de tu Sangre preciosa
nos perdonaste y viniste a salvar
de las asechanzas del enemigo,
que nos impiden gozar tu amistad.
Bendita cena de aquel Jueves Santo
cuando iniciaste tu triduo pascual
e instituiste la Eucaristía
para quedarte presente y real.
Benditos sean el copón y el cáliz,
donde tu Cuerpo y tu Sangre están,
cada vez que el sacerdote consagra
el pan y el vino sobre el altar.
Bendita la Sangre que derramaste
esa noche en el huerto, al orar,
suplicando al Padre que te ayudara
a realizar siempre su Voluntad.
Bendita la Sangre de tu costado,
que es fuente de gracia sacramental,
cuando en la cruz traspasaron tu pecho
y fuiste Tú el Cordero Pascual.
Me duele aceptar que son mis pecados,
esas espinas que te hacen sangrar,
y son esos clavos todas mis faltas
y los latigazos son mi maldad.
Jesús, perdóname, te lo suplico,
hoy me arrepiento de tanto pecar,
olvida mis faltas, hazme de nuevo,
soy todo tuyo, yo quiero cambiar.
Para ser tu misionero y apóstol,
llevar tu Palabra a los demás,
que sientan, Señor, tu amor infinito,
que nos perdonas y quieres salvar.
Gracias, Jesús, por darnos a María,
Madre nuestra y Reina Celestial,
que nos invita a rezar el rosario
y a vivir en gracia y en santidad.
Con el poder de tu Sangre te pido
que me permitas al cielo llegar
porque deseo, Jesús, abrazarte
y a Dios, mi Padre, poder contemplar.
Oh Padre Todopoderoso y eterno,
misericordia infinita y bondad,
que nos enviaste a tu único Hijo
a salvarnos y librarnos del mal.
Bendita sea, Oh Jesús, tu Sangre
que nos redime y nos quiere sanar
de las heridas del cuerpo y del alma
y concedernos tu gracia y tu paz.
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