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Poema

La Sangre preciosa de Cristo

Cristina Villarreal Lozano
La Sangre preciosa de Cristo
Con el poder de tu Sangre preciosa nos perdonaste y viniste a salvar de las asechanzas del enemigo, que nos impiden gozar tu amistad. Bendita cena de aquel Jueves Santo cuando iniciaste tu triduo pascual e instituiste la Eucaristía para quedarte presente y real. Benditos sean el copón y el cáliz, donde tu Cuerpo y tu Sangre están, cada vez que el sacerdote consagra el pan y el vino sobre el altar. Bendita la Sangre que derramaste esa noche en el huerto, al orar, suplicando al Padre que te ayudara a realizar siempre su Voluntad. Bendita la Sangre de tu costado, que es fuente de gracia sacramental, cuando en la cruz traspasaron tu pecho y fuiste Tú el Cordero Pascual. Me duele aceptar que son mis pecados, esas espinas que te hacen sangrar, y son esos clavos todas mis faltas y los latigazos son mi maldad. Jesús, perdóname, te lo suplico, hoy me arrepiento de tanto pecar, olvida mis faltas, hazme de nuevo, soy todo tuyo, yo quiero cambiar. Para ser tu misionero y apóstol, llevar tu Palabra a los demás, que sientan, Señor, tu amor infinito, que nos perdonas y quieres salvar. Gracias, Jesús, por darnos a María, Madre nuestra y Reina Celestial, que nos invita a rezar el rosario y a vivir en gracia y en santidad. Con el poder de tu Sangre te pido que me permitas al cielo llegar porque deseo, Jesús, abrazarte y a Dios, mi Padre, poder contemplar. Oh Padre Todopoderoso y eterno, misericordia infinita y bondad, que nos enviaste a tu único Hijo a salvarnos y librarnos del mal. Bendita sea, Oh Jesús, tu Sangre que nos redime y nos quiere sanar de las heridas del cuerpo y del alma y concedernos tu gracia y tu paz.
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